Pocas prendas han demostrado tanta capacidad de supervivencia. Nació ligada al oeste americano, pasó por el vestuario de trabajo, se coló en el street style y ahí sigue, temporada tras temporada, sin necesidad de reinventarse. La camisa vaquera regresa cada septiembre como el básico perfecto para esos días en los que sobra la chaqueta pero falta algo encima de la camiseta, y este año el auge del estilo boho la ha vuelto a colocar en primera línea.
Conviene empezar por una advertencia que repiten los estilistas. No hay que intentar modernizarla, porque precisamente su atemporalidad es lo que la mantiene vigente. Cuanto más básica y limpia sea la camisa, más años durará dentro del armario y más combinaciones permitirá, de modo que las versiones más cargadas de adornos suelen tener un recorrido bastante más corto del que parece al comprarlas.
Antes de pensar en conjuntos, merece la pena distinguir entre los cortes disponibles, porque cada uno funciona de manera distinta. Estos son los principales:
- La clásica, de silueta holgada, canesú de inspiración western, dos bolsillos con solapa y botones a presión. Su tejido de algodón es más ligero que el de un vaquero y resulta tan versátil como una camisa blanca.
- La oversize, de hombro caído y largo por debajo de la cadera, pensada para llevarse abierta como sobrecamisa sobre camisetas o vestidos.
- La de detalles, con bordados florales, tachuelas, volantes o aplicaciones, que rompe la sobriedad del denim y aporta personalidad a un conjunto sencillo.
- La cerrada sin botonadura, inspirada en el corte popover, que se lleva como una blusa o un jersey ligero y tiene una estética más limpia.
Las combinaciones que mejor funcionan
La fórmula más reconocible es también la más temida por muchas. El llamado total look denim o double denim funciona siempre que se respete una regla básica. La camisa y el pantalón deben compartir la misma tonalidad o una muy cercana, porque el contraste brusco entre un azul claro y uno oscuro es lo que suele estropear el conjunto. Con un corte recto de pernera ancha y unos botines de tacón medio, el resultado es infalible.
La segunda combinación es la más práctica para el entretiempo. Llevar la camisa abierta sobre un vestido fluido, sea mini, midi o maxi, permite alargar la vida de los vestidos de verano cuando el termómetro empieza a bajar. Con un maxivestido estampado el resultado tiene un aire boho relajado que funciona igual para la oficina que para una cena informal, y basta cambiar los accesorios para pasar del día a la noche.
La tercera propuesta juega la carta del contraste. Una americana estructurada convierte la camisa vaquera en un conjunto sorprendentemente sofisticado, mientras que en versión oversize el resultado es mucho más desenfadado. Con mocasines y un fular de color el conjunto vale perfectamente para el trabajo, y sustituyendo el calzado por unos tacones se transforma en un look de noche sin cambiar ninguna otra pieza.
Queda una técnica que gana adeptos cada temporada, el llamado layering. Consiste en colocar la camisa vaquera debajo de un jersey fino, dejando asomar el cuello y los puños, jugando con el contraste de texturas entre el punto y el denim. Combinado con un pantalón de vestir el resultado es pulido y elegante, mientras que con pantalón pitillo y botas altas por encima el conjunto se vuelve mucho más informal.
Tampoco hay que limitarse al azul índigo de siempre. Los lavados muy claros y el blanco resultan ideales para conjuntos frescos y minimalistas, el negro y el gris antracita aportan un aire más sofisticado, y los tonos pastel o los colores vivos rompen por completo la imagen clásica del denim. Ampliar la paleta multiplica las posibilidades de una prenda que muchos asocian únicamente con un solo color.
Falta el problema práctico de siempre, el de las arrugas a primera hora de la mañana. Existen varias soluciones rápidas que evitan sacar la tabla de planchar. Colgar la camisa en el baño mientras nos duchamos con agua caliente permite que el vapor relaje las fibras en pocos minutos, y es probablemente el método más cómodo porque no exige hacer nada.
Si el tiempo aprieta, el secador de pelo también sirve. Basta humedecer ligeramente la prenda y aplicar el aire en movimientos circulares a cierta distancia para no dañar el tejido. Para arrugas muy localizadas, la plancha del pelo funciona bien siempre que se ajuste la temperatura a la recomendada para algodón y se pruebe antes en una zona poco visible, ya que un exceso de calor puede marcar el denim de forma permanente.
