Se sale de casa a las ocho con chaqueta porque refresca, a mediodía sobra todo y a media tarde cae un chaparrón que nadie esperaba, de modo que acertar con la ropa en octubre se parece bastante a jugar a la lotería, sobre todo donde la temperatura varía más de diez grados entre la mañana y la tarde.
Sin embargo, no hace falta renovar el vestuario entero para superar estos meses con buen aspecto, ya que basta con un puñado de prendas versátiles, cierta soltura para superponerlas y una paleta cromática bien escogida.
El punto de partida es precisamente la superposición, una técnica tan práctica como favorecedora que permite quitarse o ponerse piezas a medida que cambia la temperatura. Una camiseta fina bajo un jersey suave y, encima, una cazadora motera o una bomber forman un conjunto por capas que aguanta toda la jornada, tanto para ir a trabajar como para hacer recados.
De la gabardina al vaquero de pernera ancha, pasando por los tonos tierra y el calzado para los días de lluvia, una guía práctica para acertar durante toda la temporada
Entre las piezas que más partido dan figura en primer lugar la gabardina, que se encuentra en largos muy distintos, desde las versiones cortas hasta las que llegan casi a los tobillos, y que tiene la ventaja de sentar bien con cualquier talla y tipo de cuerpo.
Le sigue la blusa, ya sea blanca y sin adornos, de rayas o con dibujo, que admite vaqueros, una falda a media pierna o un pantalón de caída suelta y que gana presencia cuando asoma bajo un jersey. Si es estampada, hay un truco sencillo que consiste en elegir el pantalón en uno de sus tonos, con lo que el conjunto queda armonizado sin esfuerzo.
El tercer básico es el pantalón vaquero ancho, que continúa vigente y resulta más agradecido de lo que suele creerse, siempre que se busque el corte adecuado para cada figura y se compense su volumen con una parte de arriba ceñida o con una chaqueta armada.
Completan la lista el vestido vaporoso y la chaqueta de tweed. El primero, con estampado grande o liso, sirve a cualquier hora y cambia de registro según el calzado, puesto que con botas de ante resulta bohemio, con tacón se vuelve más formal y con deportivas queda desenfadado. La segunda, abierta por delante, de tejido con relieve y botones que contrastan, se lleva de día con zapatillas y de noche con zapato alto.
Cuando el cielo se cierra, la prioridad es no mojarse sin renunciar al buen aspecto, y para ello la gabardina o un chubasquero de largo generoso vuelven a ser la mejor baza. Con una camisa de rayas, unos vaqueros y unos mocasines o unas zapatillas de corte clásico se obtiene un conjunto sencillo que soporta el agua y el viento, al que un bolso de color intenso añade alegría.
No obstante, el elemento decisivo en las jornadas pasadas por agua es el calzado, y ahí mandan los botines y las botas, desde los chelsea impermeables hasta las de estilo motero, que combinan con vestidos midi, faldas con movimiento o pantalones encerados. Una cazadora de piel sintética redondea el resultado con un aire urbano.
Los complementos también ayudan, porque un bolso grande de material impermeable, una gorra de visera en piel sintética o un sombrero de pescador que repela el agua protegen y, de paso, dan personalidad, aunque ninguno sustituye al paraguas plegable que conviene llevar siempre encima.
A la hora de escoger esas prendas para el mal tiempo interesa fijarse en la etiqueta, ya que un tejido que repele unas gotas se comporta de forma distinta a otro verdaderamente impermeable, y en que las costuras estén selladas si se va a caminar un buen rato bajo el agua. Del mismo modo, el ante sufre con la humedad, por lo que las botas de ese material agradecen un espray protector antes de estrenarlas.
En cuanto al color, la estación tiene sus clásicos, que son el marrón chocolate, el camel y el verde caqui, tonos cálidos que regresan cada año y que funcionan tanto en un conjunto de un solo color como mezclando matices de una misma gama. A ellos se suman el mostaza, el calabaza, el ocre o el púrpura, que recuerdan al paisaje de estos meses.
Quien prefiera más intensidad puede recurrir a los tonos joya, como el azul zafiro, el rojo rubí o el verde esmeralda, mientras que quien busque suavidad tiene en los pasteles una alternativa menos previsible, sobre todo el rosa claro, que favorece a todas las pieles y se ve ya en prendas de abrigo, en la pana y en los jerséis de punto grueso.
Para dar un golpe de efecto, el azul eléctrico levanta cualquier conjunto en un abrigo, un vestido o un simple accesorio, y la pareja formada por el rojo y el negro produce un resultado parecido, puesto que basta un abrigo o un bolso rojo para animar un vestuario oscuro o neutro.
Por lo que respecta a los estampados, el motivo animal se mantiene, si bien la serpiente le ha ido comiendo terreno al leopardo. Una camisa fluida con ese dibujo, un pantalón encerado y una cazadora de ante componen una propuesta urbana que no exige comprar medio escaparate.
Antes de gastar dinero, por tanto, lo sensato es abrir el armario, comprobar cuáles de estas piezas ya se tienen y apuntar solo las que faltan, dando prioridad a los tejidos que abrigan sin pesar, como el punto fino de lana o el algodón grueso. Así el cambio de temporada sale más barato y cada prenda se aprovecha durante más años.
