La chaqueta encerada se ha convertido en una de las prendas más visibles del otoño de 2026. Frente a la gabardina, más formal, y a la parka, más voluminosa, este tipo de cazadora ofrece una solución intermedia, ya que resiste la lluvia y el viento, tiene un largo cómodo para el día a día y encaja tanto en un conjunto de oficina como en una salida de sábado.

Su origen está ligado a la firma británica Barbour, fundada en 1894 por el escocés John Barbour en South Shields, en el noreste de Inglaterra. El negocio empezó vendiendo prendas impermeables a marineros, pescadores y trabajadores del puerto, y con el tiempo convirtió el algodón tratado con cera en su seña de identidad. Desde 1974, la casa real británica le ha concedido varias distinciones como proveedora oficial, la primera de ellas otorgada por el duque de Edimburgo.

Ese pasado funcional explica buena parte de su atractivo actual. La prenda nació para trabajar al aire libre y después pasó al mundo ecuestre y a la vida en el campo, con modelos que hoy son referencias del sector, como la Bedale, diseñada en 1980 para montar a caballo, o la Beaufort, de 1983, pensada para la caza y reconocible por su amplio bolsillo trasero.

El tejido de algodón con cera, el cuello de pana y los cierres metálicos definen una prenda que dura años si se cuida y se vuelve a encerar con regularidad

La clave de esta chaqueta está en el algodón encerado, un tejido impregnado de cera que repele el agua sin dejar de transpirar. El gramaje más habitual en los modelos clásicos es de 6 onzas, un peso que equilibra la protección frente a la lluvia con una caída cómoda para el uso diario. Con el paso del tiempo, el tejido adquiere arrugas y matices propios en las zonas de más roce, una pátina que forma parte de la estética de la prenda.

A ese material se suman detalles que se repiten en la mayoría de los diseños. El cuello de pana aporta calidez y textura, los bolsillos de parche amplios permiten llevar objetos a mano y los cierres metálicos, a menudo de latón, refuerzan su aire tradicional. Muchas versiones incorporan además un forro de cuadros escoceses, y en las últimas temporadas han aparecido modelos con el estampado de cuadros en el exterior, en tonos grises o tierra, que modernizan la prenda sin alterar su estructura.

La comparación con las otras dos prendas de entretiempo ayuda a decidir. La gabardina, confeccionada en una sarga de algodón muy tupida, resulta más ligera y formal, pero protege menos cuando la lluvia es intensa. La parka, con relleno y capucha, abriga más en los días de frío intenso, aunque su volumen la hace menos práctica en interiores y en transporte público. La chaqueta encerada se sitúa entre ambas, porque frena el agua y el viento y admite capas debajo sin resultar pesada.

Antes de comprarla conviene fijarse en el largo y en la talla. Los modelos que llegan a la cadera son más versátiles en ciudad, mientras que los que cubren medio muslo protegen mejor en el campo. Como suele llevarse sobre jerséis gruesos, es recomendable probarla con una prenda de punto debajo, y también tener en cuenta que el tejido nuevo es algo rígido y desprende un ligero olor a cera durante las primeras semanas.

En su versión urbana, la chaqueta encerada ha encontrado su sitio dentro de la estética del llamado lujo silencioso, una tendencia que prioriza las prendas duraderas, de calidad y sin logotipos visibles frente a las piezas de temporada. Esa filosofía encaja con una cazadora que, bien cuidada, puede acompañar a su propietario durante muchos años.

A la hora de combinarla, la fórmula más sencilla es la de los vaqueros rectos y los mocasines, que equilibra el carácter rústico de la chaqueta con un toque pulido. También funciona con faldas midi, en especial las de cuadros escoceses o las de corte evasé, acompañadas de botas altas de piel, y con pantalones de pinzas y jerséis de punto grueso para entornos de oficina. Los tonos neutros, como el verde oliva, el azul marino o el marrón, facilitan las combinaciones con el resto del armario.

La prenda exige, sin embargo, ciertos cuidados que conviene conocer antes de comprarla. Según las recomendaciones del propio fabricante británico, la chaqueta no debe lavarse nunca en la lavadora, porque el agua caliente y el detergente eliminan la cera de forma permanente. Para limpiarla basta con pasar una esponja con agua fría por el exterior, sin jabón, y dejarla secar a temperatura ambiente.

El otro cuidado es el reencerado, que se recomienda aproximadamente una vez al año, según el uso. Consiste en aplicar una nueva capa de cera, previamente templada, sobre toda la superficie, con especial atención a las costuras y los pliegues, y dejar que la prenda repose durante una noche en un lugar cálido, alejada de otras prendas y de tapicerías, porque durante unos días puede desprender restos de cera. La marca ofrece este servicio en su fábrica de South Shields desde hace un siglo, ya que aparecía en su catálogo de 1921, aunque también puede hacerse en casa con las latas de cera que se venden por separado.

Ese mantenimiento periódico es precisamente lo que permite que una chaqueta encerada dure décadas. Las reparaciones de cremalleras, forros o puños, también habituales, prolongan su vida útil y la convierten en una compra más sostenible que muchas alternativas de temporada.